• Tere Jiménez

CONECTA CON TU HIJO Y ÉL CONECTARÁ CON SU EDUCACIÓN

Actualizado: jul 27



En algunas familias he visto cómo desde los 6-7 años hasta la adolescencia 14-16, se va formando un muro de separación entre padres e hijos.


Como de la noche la mañana ves que tu hijo ha crecido y por diversas causas por las que le has restado atención (laborales, personales, etc.), se ha convertido en un desconocido para ti.


¿Recuerdas cómo de pequeño iba a ti a contarte historias que se le ocurrían y con las que estaba horas o días jugando? Podía ser un explorador del mundo, una princesa que hacía una fiesta del té, un cazador de dinosaurios. ¡Qué imaginación!


Sin embargo, ahora vaga por la casa en silencio, como si fuese un espectro que no se comunica contigo más que para saber qué habrá para cenar.


Muchas veces has intentado acercarte a él para hablar, pero la conversación ha terminado con algún reproche, grito o portazo.

Te gustaría volver a conectarte con él más allá del whatsapp.




EMPATIZA



Tú también has tenido su edad y sabes lo que se siente cuando no eres un niño ni tampoco un adulto además con esas hormonas que revolucionan las emociones todo el rato.


Por suerte ahora sabemos los cambios por los que están pasando gracias a la neurociencia y les podemos entender mejor.


A veces es difícil empatizar cuando volcamos nuestras expectativas sobre ellos: qué deberían hacer, cómo deberían comportarse, qué deberían estar pensando… Sentimos todavía tanta responsabilidad con ellos como cuando eran pequeños y su dependencia de nosotros era constante. Pero la realidad es que tu hijo ya es capaz de tomar ciertas decisiones y puede ir experimentando el equivocarse, mejor que cometa los errores ahora que tendrán más fácil solución.


Piensa sobre lo que estará pensado sobre su educación y habla con él sobre su futuro, sin juzgar. Analiza cuáles son los obstáculos que le impiden enfocarse en su formación personal y profesional.




MEJORA VUESTRA COMUNICACIÓN



En la comunicación interviene un emisor y un receptor, si alguna de las partes actúa fomentando o entorpeciendo la acción comunicativa, esto influirá al otro. ¿Qué quiero decir con esto? Que por que tu hijo sea el que no quiera comunicarse favorablemente, no hay por qué tirar la toalla, sino ver cómo tu actitud puede mejorar la suya. Al final, seguimos siendo ejemplo para ellos.


Lo primero que te recomiendo es que pienses en cómo estás escuchando a tu hijo cuando te habla, si le estás mirando a los ojos o estás tendiendo otras tareas. El contacto visual es muy importante en la escucha activa, podrás sacar información no solo del mensaje verbal que te esté transmitiendo, sino de gestos o expresiones que acompañan una emoción. Tu hijo no sabrá contarte cómo se siente, pero tú podrás interpretarlo si estás atento.


A la hora de hablar de las críticas hacia los hijos, me gustaría matizar algunas cosas. Por un lado, están las críticas que se hacen en público y que les humilla tipo “¿veis cómo mi hijo es un torpe? Se le quema siempre la comida, no tiene ni idea”. Obviamente, esta forma de expresarlo despectiva no ayudará en vuestra comunicación, ni en ganar confianza mutua, ni es su autoestima, etc.


Por otro lado, está la crítica constructiva, la que se hace para que la otra persona pueda considerar hacer un cambio en la acción o actitud, como “la comida te ha salido un poco quemada, ¿qué tal si la próxima vez bajas el fuego y lo remueves más?”. Las críticas en privado, las alabanzas en público.


Creo que escuchar lo que se te da mal no provoca, a priori, crearse etiquetas limitantes (“no valgo para cocinar y nunca se me dará bien”), sino pueden servir para ser conscientes de tu no perfección y así ir perdiendo al miedo al rechazo.


Sobretodo creo que hay una parte muy importante que como padres es bueno que trasmitamos a nuestros hijos y es un “te quiero tal y como eres, con tus enfados, tus sonrisas por la mañana, tu desorganización, tu manera de animar al que está triste…” Para evitar que hagan las cosas por los demás y empiecen a hacerlas por ellos mismos, ganando confianza.




AHORA YA NOS ESCUCHAMOS Y ENTENDEMOS



Por desgracia, el ritmo escolar marca totalmente el ritmo en que tu hijo tiene que saberse los contenidos que le exigen en clase y a veces este ejerce presión en él, visible o invisible.


Una vez que se mejora la relación con un hijo y se fortalece el vínculo y la conexión, tu mirada hacia él y su vida cambia. Es el momento ideal para que te escuche y trabajéis juntos sobre su futuro formativo y profesional.


Cuando van siendo mayores, tenemos la tendencia de pensar que ya están preparados para buscar solos todas las alternativas disponibles y elegir la mejor para ellos entre todas. Pero nada más lejos de la realidad.


Imagina que estás en un país que no conoces y vas a pedir comida en un restaurante. Sin que te enseñen la carta, te piden que escojas algo para comer. Muy difícil. Pues tu hijo también necesita ayuda con las alternativas que tú conoces para empezar.


Gracias al vínculo que estáis fortaleciendo con vuestra relación, tu hijo confiará en que le vas a guiar según su personalidad y sus afinidades, que ahora ya entiendes mejor, y no según tus expectativas, miedos o frustraciones personales.





«En este artículo se escribe con el genérico masculino, entendiendo la inclusión igualmente del género femenino.»

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