• Tere Jiménez

Mi hij@ no me escucha


Lili es una niña de 10 años con un espíritu realmente creativo y soñador. Desde muy pequeña, ya mostraba interés por temas emocionales y sobre todo, amorosos. Desde que empezó la etapa escolar ya hablaba sobre temas de novios y enamoramientos. Su madre se lo tomaba siempre como un juego, pero su padres se ponía nervioso y a la defensiva cada vez que oía el tema, pues la idea de que un desconocido se metiera en la vida de su hijita, le irritaba.

Un día, cuando Lili volvió del colegio, se sentó en la cocina mientras su madre terminaba de preparar la comida y comenzó a contarla los "cotilleos" que habían pasado ese día.

Su madre sabía cómo escucharla sin juzgar a nadie ni darla charlas sobre las relaciones, los chicos o las amistades, aunque no siempre lo conseguía, porque a las madres nos gustaría que los hijos se beneficiaran de todo lo que hemos aprendido de la vida.

En un momento, su padre entró por la puerta de la cocina para coger los utensilios y poner la mesa y Lili se calló repentinamente. El padre se dio cuenta y preguntó:

¿Qué pasa? Puedes seguir hablando...

Nada papá, cosas...

El padre se encogió de hombros y se mantuvo en silencio mientras seguía cogiendo los vasos.

Cuando llegó la noche y los niños ya estaban acostados, los padres se quedaron charlando en el salón:

¿Qué estaba contándote Lili esta tarde en la cocina?

jajaja, ¡qué cotilla!

Síííí...es que ya no me cuenta nada nunca. Me gustaría recuperar esa confianza de cuando era pequeña, cuando me contaba hasta los sueños que tenía cada noche...¿será la edad?

Pues a veces puede ser cosa de la edad y otras es porque los padres hacemos méritos para que los hijos no nos cuenten sus cosas y que tampoco nos escuchen cuando les hablamos.

Pues no sé qué habré hecho yo, no recuerdo así nada grave.

¿Te acuerdas cuando venía, con 6 años, y te contaba que si estaba enamorada de Antonio, un chico de su clase? Que tú la decías que eso era una tontería, que si no era el momento de pensar en chicos...

Sí, claro, es que no era el momento. ¡Con esa edad tienen que jugar!

Bueno, pues cada vez que la intentabas disuadir de sus sentimientos, cada charla sobre valores o sobre lo que debería hacer, ponía un ladrillo en el muro de vuestra comunicación. Tú imagínate si cada vez que se te ocurre una idea nueva y vienes y me la cuentas con todo tu entusiasmo, a mí sólo me sale darte un discurso sobre las veces que dices que vas a hacer algo y no lo haces, sobre la constancia, sobre la responsabilidad... ¿A ti te entrarían ganas de contarme la próxima idea o pasarías?

¿Y qué puedo hacer ahora? ¿Ya es tarde?

Puedes practicar la escucha activa. Cada vez que se acerque a contarte algo, tú cierras la boca y sólo escuchas. Si te pregunta algo, claro, respondes, pero sin juicio, sin crítica y sin moralidades. Intentando dejar a un lado tu ego y tus ganas de corregir y enseñar.

Uff, no sé si me saldrá.

Bueno, siempre hay un primer paso. Recuerda, foco en soluciones. Justifica tus limitaciones y te quedarás con ellas.

Si te ha inspirado esta historia te invito a comentar y a compartir.

Si estás pensando en entrenarte en habilidades de Disciplina Positiva para gestionar mejor los conflictos con tu hij@, mejorar vuestra comunicación y además contribuir para prevenir, detectar y actuar ante la desmotivación escolar, escríbeme y te doy más información.


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