• Tere Jiménez

UN NIÑ@/ADOLESCENTE QUE NO ESTUDIA, NO "VALE" MENOS


Ayer leí una noticia en El País que me apareció en RRSS, cuyo titular decía "La crisis de los 13 años: los alumnos pierden masivamente el entusiasmo por la escuela en la ESO".


Hablaba la presidenta del AMPA de un instituto valenciano haciendo hincapié en que la desmotivación escolar preocupa a la mayoría de las familias, incluso ella con sus hijas lo estaba sufriendo.


Cuando hablamos de que l@s alumn@s no quieren estudiar, es fácil echarle la culpa a las distracciones tecnológicas, a las amistades, a que los profesores aburren, a que l@s niñ@s/adolescentes cada vez son menos responsables, a las hormonas de la edad o a lo que se nos ocurra, y todo eso puede influir, pero, a mi modo de ver, sólo son consecuencias de unas necesidades vitales no cubiertas.


Esas necesidades se van a cubrir o no primeramente en la familia. Y no estoy hablando de familias desestructuradas, ni malos tratos, ni de negligencia parental, no, estoy hablando de algo tan común y tan sutil como la mala comunicación. Esa manera que tenemos de hablarles a l@s hij@s que de manera consciente o inconsciente crea barreras de comunicación. Que hacen que se pierda la confianza de compartir pensamientos, situaciones o sentimientos para evitar ser juzgados, criticados o sermoneados.


Desde generaciones atrás se ha dado más importancia a la corrección que a la conexión, porque ¿qué leches era eso de la conexión si se tiene una mentalidad de jerarquía donde el padre/madre es el/la que manda y el/la hij@ es el/la que tiene que obedecer?


Pues la conexión es ese pequeño (o gran) esfuerzo que podemos hacer los padres/madres para entender a nuestr@s hij@s y que les llegue el mensaje de que podemos ser apoyo incondicional, de que a pesar de sus "errores", les seguimos queriendo y se lo demostramos. De que les respetamos hasta tal punto que confiamos en que pueden tomar sus propias decisiones informadas y que no tenemos la verdad absoluta a cerca de su futuro profesional y laboral, ni de su vida.


Cuando tenemos niñ@s pequeñ@s que aún disfrutan con el colegio, la prevención es importante. Hacer que no se desconecten del todo de su sed de conocer lo que les rodea, de aprender habilidades nuevas, de relacionarse con los demás de una manera calmada, cooperativa y empática.


Dicen que el colegio es el mejor contexto para que l@s niñ@s socialicen porque hay más oportunidades para aprender, lo malo es que la mayoría de conflictos no se atienden o se les resta importancia. En cambio, en la familia se pueden atender todos los conflictos y enseñar a través de ellos habilidades para relacionarse más efectivas y respetuosas con los demás, con un@ mism@ y con el entorno.


Los conflictos que el/la niñ@ no aprende a resolver en el colegio, se los guarda en la mochila y comienza a desarrollar herramientas de supervivencia ( de compensación) como físicas, insultos, rebeldía, gracietas, y otros comportamientos llamados "disruptivos". Eso repercute en las ganas de aprender, la poca atención en clase, llamar la atención para sentir que le importa a la profe cuando le regaña, y por supuesto, repercute en las notas.


Desde fuera, el/la estudiante es irresponsable, pasiv@, perezoso (el típico "es muy listo pero muy vago") y mejor que se dedique a trabajar, porque para estudiar (aprender) no vale. Toma, una pesada etiqueta que te vas a creer hasta que tú mism@ te conviertas en responsable de tu propia vida, de tu propia historia.


Siempre ha existido el estatus académico.


Los de clase más inferior son los que estudian formación profesional y la de prestigio es la universitaria con el pack de máster y doctorados.


Pero en un nivel más profundo del desarrollo humano, no importan los títulos ni si las instituciones donde se han adquirido los títulos son públicas o privadas, si no otras habilidades como la actitud de superación, la capacidad de aprender a aprender continuamente, ser resolutivo en los conflictos, tener inteligencia emocional, etc.


Y todo esto, durante el recorrido académico formal, no se aprende. Estas habilidades las tenemos que enseñar las familias. Algunas, primero entrenándolas nosotr@s mism@s.





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